Del frío noruego a la “cálida” Bogotá


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9260 kilómetros fueron suficientes para llegar a Bogotá desde Oslo, en el país al norte de Europa, que, junto con Suecia y Dinamarca, conforman la península escandinava. 

Håvard Østby vino a vivir a la capital del país colombiano por dos años, junto con su esposa Hanne y su hija Alma. Su pequeña está aquí estudiando en la escuela, su esposa trabaja en la embajada de Noruega, y él está dedicado a explorar la cultura colombiana y el modo de vivir de sus habitantes, a la vez que aprende español. 

Para él su estadía en Colombia ha sida toda una experiencia de vida. Su vuelo para arribar hasta el país suramericano y a su capital Bogotá, significó para él dejar atrás por algún tiempo los hermosos paisajes propios del norte de Europa. En contraste con el país cafetero, el suyo es uno petrolero, que tiene un poco más de la décima parte de la población colombiana (5,3 millones de habitantes).

El esquí es parte fundamental de la cultura y las costumbres de los noruegos, pero aquí ha tenido que hacerlo a un lado y reemplazarlo por los paseos en bicicleta los fines de semana a diferentes lugares de la capital o alrededor de ella, recorriendo y conociendo los bellos paisajes de la sabana cundiboyacense.

Los días en Noruega son cortos y las noches largas durante los meses de diciembre, enero y febrero. Al norte del círculo polar ártico el sol no aparece por semanas o incluso por meses. La vida allí es iluminada por la luz de las auroras boreales, que se pueden observar en lugares como las islas Lofoten. Una maravilla natural que Håvard recuerda cuando se asoma a veces en las noches para observar el cielo capitalino, en ocasiones despejado y con algunas estrellas adornándolo.

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La formación rocosa Trolltunga. Foto: Pixabay

Espectaculares paisajes se muestran a lo largo de sus 385.203 kilómetros cuadrados de superficie, como la formación rocosa de Preikestolen, en la costa del sudoeste en los Alpes escandinavos; las islas Lofoten, archipiélago en donde se observan las mencionadas auroras boreales, y el Trolltunga, un pedazo de roca que sobresale horizontalmente de la montaña unos 700 metros, con una panorámica que deja sin aliento.

Culturas y mundos diferentes, pero Håvard sabe que aquí en Colombia también hay mucho por descubrir. Que, aunque no existen las danzantes luces celestes, puede maravillarse con el naranja y rosado de los atardeceres bogotanos que hay en el verano. También puede desplazarse a otros lugares de la geografía nacional para observar monolitos como la piedra del Peñol en Guatapé, Antioquía y divisar el hermoso paisaje ofrecido desde allí, después de subir los 702 escalones que lo llevan a la cima.

Y aunque no hay nieve ni infraestructura en Colombia para esquiar, sí la hay para caminar, y para recorrer lugares llenos de aventura como la Sierra Nevada de Santa Marta o la Sierra Nevada del Cocuy, en el departamento de Boyacá; ambas con el mismo encanto que ofrecen las montañas noruegas a las que él está acostumbrado a ir para esquiar en el invierno.

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Aurora Boreal en las islas Lofoten. Foto: Pixabay

Se ha adaptado rápidamente a la cultura latina, en especial a la colombiana, al ritmo de vida de esta gran urbe, a la manera de vivir de sus habitantes y también a la gastronomía de nuestro país, diversa y rica en sabores, desde los más salados a los más dulces, aunque por supuesto siempre tiene en mente la gastronomía noruega, con el queso como protagonista y recordando la sopa de carne de Reno y el famoso Rakfish; pescado fermentado considerado en su país como un manjar. 

Por supuesto que el salmón noruego está dentro de sus platos preferidos, pero aquí no ha tenido de qué quejarse, pues a su paladar llegan los más exquisitos y variados platos de la comida colombiana, desde los más tradicionales como una empanada o una arepa, hasta los que lo dejan con ganas de tomar una buena siesta después de comerlos, como un buen ajiaco o una deliciosa bandeja paisa.

Y no es para menos; dicen que para sobrevivir hay que adaptarse al lugar en el que uno se encuentra, y esto es lo que ha hecho este noruego que cada vez entiende más la manera de ser de los colombianos, sus costumbres, sus dichos, su manera de hablar y de ver la vida. Le sorprende ver cómo a pesar de tanta violencia que el país andino ha sufrido, la gente sabe superar el dolor y vive alegre, sin quedarse atada al pasado, siempre con la esperanza de un mejor mañana, sabiendo que los mejores tiempos están por venir. Realmente admira esto porque en la región de la que él procede, es común ver que muchas personas tienen casi todo, pero no son felices, o no valoran las cosas que poseen.

Como muchos extranjeros, es común verlo vistiendo una camiseta y pantalones cortos, aún en días relativamente fríos para los bogotanos, en los que la mayoría estaríamos abrigados con una chaqueta o un saco, pero para él, acostumbrado al duro clima noruego en el invierno, los “fríos” 14 o 16 grados de la capital, no le afectan para nada.

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Ha viajado a lugares tan espectaculares en Colombia como el Río Inírida, en donde estuvo pescando un ejemplar del popular pez payara. Fue allí con un amigo suyo, noruego también, explorando esta maravilla localizada en el departamento del Guainía, un bello paraíso del Amazonas colombiano. Ha recorrido por otro lado la frontera del trapecio amazónico, en ciudades como Leticia, vecinas de Perú y Brasil, la encantadora ciudad de Pereira en el eje cafetero y algunas poblaciones de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá. 

Por supuesto que ha estudiado español en Bogotá, y gracias a esto ha podido hacer amigos aquí y relacionarse de una mejor manera con las personas locales, y a pesar de la lejanía y de las culturas tan diferentes, algunas similitudes ha encontrado Håvard entre nuestro país y el suyo, y aunque todavía está aprendiendo muchas expresiones idiomáticas propias de los colombianos y de Latinoamérica, y la diferencia de uso de verbos como ser y estar, él sabe claramente que una cosa es “ser vikingo” y otra completamente diferente es “estar viringo”.

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Håvard realizó un viaje con un amigo suyo a Inírida, capital del departamento del Guainía, en donde estuvieron conociendo estos maravillosos paisajes y pescando ejemplares propios de esta región, como el popular pez payara. 

 

En este video nos relata su experiencia en Colombia y nos cuenta un poco sobre su proceso de aprendizaje del español en la escuela nueva Lengua.

Así como él, tú también puedes disfrutar de una gran aventura y conocer muchos lugares encantadores que te ofrece nuestro país, teniendo la oportunidad de aprender sobre la cultura y las personas de esta región suramericana, a la vez que estudias español en uno de los países más visitados de Latinoamérica. Si quieres recibir más información escribe a contactenos@nuevalengua.com y pronto recibirás una respuesta.

 

Balaram Oviedo – Profesor de español